Aloha, un saludo a las olas de Rada Tilly

La adrenalina del surf también se vive en nuestras playas

La extensa playa de Rada Tilly y su paisaje límpido nos invitan a pasear nuestra vista desde el extremo norte, Punta Piedras, hasta su otro vértice más saliente, la famosa Punta del Marqués, al sur. Desde las primeras horas de la mañana la gente sale a caminar sobre la arena, a tomar aire o a disfrutar de unos ricos mates. Asimismo, la amplitud de su playa y sus aguas azules son una tentación para la práctica de muchas actividades, entre ellas el surf. Aloha fue la primera escuela de surf del lugar. Enseñó a cabalgar las olas a grandes y chicos a lo largo de casi tres años. Emanuel, el impulsor del emprendimiento, nos cuenta su historia.

Corría el año 2016 y era una de las tantas temporadas calurosas en la Villa Rada Tilly. Emanuel vivía a una cuadra de la playa. Amante del mar, en sus tiempos libres se dedicaba al surf. Cada vez que terminaba su rutina sobre las olas, ponía a secar los trajes y las tablas en el patio de su casa. Eso despertaba curiosidad e interés en la gente que pasaba. Un día, un grupo de personas se acerca: “Che, tenemos ganas de surfear. Somos de Córdoba y no tenemos los equipos acá. ¿Vos los alquilás?”.

Sin dudarlo, Emanuel le facilitó a este grupo de jóvenes todo lo necesario para que no se perdieran las olas que ofrece nuestra playa. Nunca se imaginó lo que vendría después. Los cordobeses empezaron a correr la voz de que había un lugar que alquilaba los equipos. Cada vez eran más las personas que se acercaban y preguntaban. Entonces, se le encendió la lamparita. “Le propuse a un amigo, Diego, si se prendía para hacer una escuela de surf y se copó. Arrancamos hace casi tres años. Empezamos sin un lugar físico, pero después Ariel Pérez nos dio una mano grande con el espacio”, cuenta Emanuel.

La Escuela de Surf Aloha se encontraba el año pasado en la Bajada 12 del parador, justo frente al edificio. La idea era brindar un servicio a toda la comunidad, chicos y grandes. En noviembre, a pesar de que el agua estaba un poco fría, ya habían dado apertura a la temporada y empezaron con las primeras clases, de una hora y media aproximadamente. El público que asistió fue bastante amplio: desde niños de 6 años hasta adultos de 53. “La idea era, ante todo, que se diviertan… y bueno, si surfeaban, buenísimo. Generalmente, los más peques ya surfeaban a la tercera ola”, dice Emanuel en tono motivador.

Un deporte seguro

Si bien los chicos de Aloha tomaron su trabajo como un hobby, consideraron que debían llevar adelante las clases con mucha responsabilidad y para eso tuvieron en cuenta todas las medidas de seguridad necesarias. “La idea es que no se metan muy profundo, que hagan pie en todo momento. Antes de las clases hablamos de seguridad, de cómo se tienen que poner la tabla para que no les pegue en la cara, entre otras precauciones”.

Por un lado, los niños ansiosos e inquietos montan las olitas perdiendo el miedo al instante y, por el otro, los adultos con sus ojos grandes después de un par de revolcones, la terminan pasando muy bien.

Lamentablemente el ciclo de la escuela tuvo su fin, pero no por esa razón la práctica del surf dejaría de estar en las playas radatilenses, ya que los chicos, guiados desde su pasión y amor por el deporte, lograron que esta práctica se instalara en nuestras playas sureñas. Dieron pie a que la gente conociera un poco más sobre el surf y dejaron en claro que, aunque pueda parecer un deporte lejano o difícil, todo somos capaces de practicarlo. A Emanuel, el hobby le permitió expandir sus conocimientos de esta disciplina y a la vez disfrutar de compartir su pasión con todos aquellos que desearon realizar aventuras únicas sobre las olas. “Ver a un nene o a un adulto, quien sea, surfear la olita, bajarse de la tabla y con la sonrisa re grande, eso está genial”.

Por Marina Águila


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